El futuro del T-MEC se decide en 2025: ¿renegociar o resistir?

El futuro del T-MEC se decide en 2025: ¿renegociar o resistir?

Desde su firma en 2020, el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) ha sido el pilar sobre el cual se sostiene gran parte del comercio de América del Norte. Para México, representa mucho más que un acuerdo comercial: es el vehículo por el que transita el 80% de sus exportaciones, y una garantía mínima de estabilidad económica en un contexto global cada vez más incierto.

Pero ahora ese tratado vuelve a ocupar el centro del debate político, económico y diplomático. ¿La razón? Una posible revisión anticipada en 2025, cuando según el calendario legal esta revisión debería ocurrir hasta 2026.

Revisión al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC)

El anuncio del secretario de Economía, Marcelo Ebrard, de que la revisión del T-MEC podría iniciar en el segundo semestre de este año encendió las alertas. Y no solo en México; desde Washington hasta Ottawa, la posibilidad de abrir antes de tiempo el texto del acuerdo ha generado expectativas, nerviosismo y un sinfín de preguntas.

¿Está México listo para renegociar? ¿Es legal hacerlo antes? ¿Qué quiere Donald Trump? ¿Qué riesgos hay? Y sobre todo, ¿Puedes este proceso convertirse en una oportunidad estratégica o será un punto de vulnerabilidad para nuestra economía?

Conoce sobre lo que realmente significa la revisión del T-MEC antes de tiempo y todo lo que esta en juego.

¿Que es el T-MEC y por qué se revisa cada 6 años?

El T-MEC es la evolución del antiguo Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), firmado en 1994. Su versión actual, que entró en vigor el 1 de julio de 2020, fue impulsada por el entonces y actual presidente, Donald Trump, con el objetivo de modernizar el acuerdo, proteger los intereses de EE.UU. y corregir lo que su administración consideraba desequilibrios económicos.

Una de sus novedades fue la llamada cláusula «Sunset», que establece que el tratado debe ser revisado cada seis años. Si los tres países no están de acuerdo en renovarlo, se inicia un proceso que puede llevar a su cancelación. De ahí la importancia de cada revisión.

El T-MEC es la evolución del antiguo Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN)

Por tanto, la primera revisión oficial está programada para 2026. Legalmente, las consultas técnicas pueden comenzar en julio de 2025, pero no antes. Esto es importante porque marca el límite entre la estrategia política y lo que la ley permite.

Entonces… ¿por qué se habla de una revisión en 2025? Aquí es donde entra el nombre que ha estado en el centro de la discusión: Marcelo Ebrard.

Marcelo Ebrard: La voz que anticipa el cambio

Durante el primer semestre de 2025, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, hizo una serie de declaraciones en foros empresariales que dejaron clara su posición: México debe prepararse desde ya para revisar el T-MEC en la segunda mitad del año.

¿Su argumento principal? Que un adelanto conviene a México.

«Más o menos es el tiempo que estoy estimando, es decir, el segundo semestre de este año. Eso puede ser conveniente para nosotros, porque tendríamos ya claro cómo va a funcionar respecto a otras zonas del mundo», afirmó Ebrard durante un foro de Coparmex.

Ebrard sugiere que el adelanto permitiría a México tener una visión más clara sobre su relación no solo con EE.UU. y Canadá, sino también con otras regiones del mundo, especialmente ante un entorno económico marcado por las tensiones arancelarias con Asia y la creciente influencia de China.

Pero hay más razones detrás de su postura:

  • Anticiparse a las presiones de Trump: evitar que EE.UU. marque la agenda por completo.
  • Reducir la incertidumbre: enviar un mensaje claro a los inversionistas y al mercado.
  • Posicionar a México como un actor activo, no pasivo, en la renegociación.

Sin embargo, no todos comparten su entusiasmo. Varios analistas —y hasta negociadores del TLCAN— advierten que no es tan sencillo como parece.

¿T-MEC transicional o acuerdo sólido?

Si hay una figura clave para entender por qué se habla de una revisión anticipada, ese es Donald Trump.

El presidente de EE.UU., declaró en mayo que el T-MEC «ha sido muy efectivo», pero también lo describió como un acuerdo transicional, dejando entrever su intención de modificarlo o incluso reemplazarlo.

«Tenemos una negociación durante el próximo año para ajustarlo o rescindirlo», dijo en una reunión con el primer ministro canadiense.

Esta afirmación encendió las alarmas. Aunque Trump no formalizó ninguna iniciativa, sus palabras generan incertidumbre: ¿Habla en serio o solo está presionando por una mejor posición negociadora?

Para muchos expertos, Trump está usando el tratado como palanca política. Amenaza con renegociarlo para ganar fuerza en sus propuestas proteccionistas, pero sabe que romperlo costaría caro, tanto económica como políticamente.

Donald Trump: ¿T-MEC transicional o acuerdo sólido?

Aún así, sus palabras no pueden ignorarse. Y menos cuando uno de los puntos que más ha criticado es que, según él, «los socios no han respetado el acuerdo».

Claudia Sheinbaum: Prudencia, pero preparación

Mientras las declaraciones de Ebrard y Trump suben la temperatura, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha optado por una postura más mesurada. Su enfoque es claro: no adelantar juicios ni tomar decisiones precipitadas, pero si estar lista para cualquier escenario.

«Hasta ahora no tenemos ninguna otra señal de que el T-MEC vaya a desaparecer. Nada», afirmó en una conferencia matutina.

Sheinbaum ha reiterado que su gobierno está trabajando activamente dentro del marco del T-MEC, y que se mantienen canales abiertos con Estados Unidos y Canadá. También ha lanzado el Plan México, una estrategia económica para fomentar la inversión y fortalecer el aparato productivo nacional.

Pero lo más importante es su mensaje diplomático: no alarmarse, no sobreactuar, pero tampoco confiarse. Para Sheinbaum, la revisión es una posibilidad real, y por eso debe haber unidad nacional, claridad técnica y firmeza institucional cuando llegue el momento.

La voz del sector empresarial: entre diplomacia y certidumbre

Más allá de los discursos oficiales, hay un actor que ha entrado con fuerza en este debate: la iniciativa privada. Organismos como Coparmex y el Consejo Mexicano de Comercio Exterior (Comce) han señalado que anticipar la revisión del T-MEC podría ser positivo, siempre que se haga de manera estratégica.

Coparmex
Confederación Patronal de la República Mexicana

Para Coparmex, el objetivo es claro: posicionar la voz del empresariado mexicano en Washington antes de que la revisión empiece.

Han desplegado una agenda de visitas a congresistas, al USTR (Oficina del Representante Comercial de EE.UU.), centros de pensamiento y otros actores clave.

«Es la primera de varias visitas programadas con una ruta estratégica desde el Comité T-MEC Nearshoring». aseguró su presidente, Juan José Sierra Álvarez.

Por su parte, Comce Noreste, en voz de su presidente Jesús Herrera, fue más directo:

«Sí sería conveniente que se adelante la revisión… podríamos tener en menor tiempo una mayor certeza de cuáles van a ser las nuevas reglas».

Las empresas lo tienen claro: la incertidumbre nata inversiones. Si adelantar el proceso ayuda a disiparla, bienvenido sea. Pero también advierten que el país necesita mejorar condiciones internas —infraestructura, seguridad, estado de derecho— para atraer más inversiones, especialmente en un contexto de nearshoring.

La voz del sector empresarial en México: entre diplomacia y certidumbre

¿Es legalmente factible un adelanto?: Expertos vs política

Aquí es donde el debate se vuelve más técnico y delicado.

Luis de la Calle, uno de los arquitectos del TLCAN, ha sido enfático: no es jurídicamente factible adelantar la revisión formal. Según la ley estadounidense y los protocolos del propio tratado, la revisión debe realizarse en 2026. y las consultas técnicas no pueden iniciar sino hasta julio de 2025.

Esta visión legalista contrasta con la postura más proactiva de Ebrard. Para el excanciller, los tiempos legales no impiden que México se prepare, se posicione y actúe diplomáticamente antes de la fecha oficial.

Entonces, ¿quién tiene razón? Técnicamente, De la Calle. Estratégicamente, Ebrard. Lo cierto es que el juego ya comenzó, y no hace falta un documento formal para empezar a influir en la narrativa y en la opinión pública internacional.

Nearshoring y la nueva batalla comercial global

Una pieza central en toda esta historia es el nearshoring, es decir, la relocalización de cadenas de suministro más cerca del mercado estadounidense.

México está perfectamente posicionado para aprovechar esta tendencia: cercanía geográfica, tratados vigentes, mano de obra competitiva, y un enorme potencial industrial. Pero como bien dijo Ebrard: «No se va a dar por sí sola. Tenemos que organizarnos para eso».

El nearshoring exige planificación, inversión y coordinación institucional. Sin eso, la oportunidad se diluirá en discursos vacíos. Si Norteamérica quiere competir con Asia, necesita operar como bloque. Y eso solo será posible si el T-MEC no solo sobrevive, sino que evoluciona.

Nearshoring y la nueva batalla comercial global

El problema es que hay riesgos internos que todavía frenan esta transformación:

  • Carencia de infraestructura adecuada.
  • Inseguridad jurídica y pública.
  • Falta de políticas industriales consistentes.

El nearshoring es una promesa… pero aún está en construcción.

¿Qué está realmente en juego con esta revisión?

La revisión del T-MEC no es un simple trámite. Es un proceso que puede redefinir el futuro económico de toda América del Norte, y por supuesto, de México.

ASPECTOIMPLICACIONES
Estabilidad económicaUn tratado revisado sin consenso puede generar incertidumbre y volatilidad.
Relación México-EE.UU.Cualquier cambio puede tensar o fortalecer vínculos diplomáticos.
Competitividad frente a AsiaSi la región no se integra más, quedará atrás en la carrera tecnológica e industrial.
Confianza de inversionistasReglas claras y duraderas son esenciales para atraer capital.
Soberanía económicaMéxico debe negociar sin ceder aspectos clave de su anatomía productiva.

Un momento crucial para México

Con la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, originalmente programada para 2026, se ha adelantado y se perfila como uno de los eventos económicos más importantes para México en la última década. Esta revisión, impulsada en parte por las declaraciones del presidente Trump y las estimaciones del secretario de Economía Marcelo Ebrard, podría comenzar formalmente en la segunda mitad del 2025, mucho antes de lo contemplado por la cláusula sunset del acuerdo.

El T-MEC ha sido vital para el crecimiento del comercio exterior mexicano. Según datos de la Secretaría de Economía, más del 80% de las exportaciones mexicanas tienen como destino Estados Unidos. Este nivel de dependencia hace que cualquier modificación en los términos del acuerdo tenga un impacto directo y profundo en sectores clave como el automotriz, el agroindustrial, el textil y el electrónico.

Pero más allá de los productos y los números, la revisión del T-MEC representa una decisión estratégica para el modelo económico mexicano. ¿Queremos seguir siendo una economía integrada y complementaría con América del Norte?

La revisión del T-MEC representa una decisión estratégica para el modelo económico mexicano

¿O nos preparamos para diversificar nuestras relaciones comerciales con otras regiones como Europa, Asia o América del Sur?

Marcelo Ebrard lo planteó con claridad: adelantar el proceso «puede ser conveniente para México», pues ayudaría a dar certeza sobre el futuro de la política económica norteamericana y permitiría al país reposicionarse frente a una economía global en transición, marcada por la disputa entre EE.UU. y China.

Por su parte, la presidenta Claudia Sheinbaum, ha adoptado un enfoque más prudente, reconociendo que aún no hay señales formales de ruptura o reforma drástica, pero dejando claro que México estará preparado para cualquier escenario. Esta combinación de previsión y diplomacia es clave para enfrentar un proceso que será tanto técnico como político, tanto económico como geoestratégico.

Elementos más críticos de la revisión del T-MEC

Esto va mucho más allá de los aranceles o de un puñado de capítulos renegociados. Se trata de la arquitectura misma del comercio regional, del tipo de integración que México quiere y puede sostener, y del lugar que ocupará en el tablero económico global de la próxima década.

  • Acceso preferencial al mercado estadounidense: Si se alteran las reglas de origen, sectores como el automotriz podrían perder competitividad. afectando miles de empleos y cadenas de suministro regionales interconectadas.
  • Confianza de los inversionistas: La posibilidad de que el tratado se modifique o incluso se cancele (aunque improbable) genera incertidumbre. Y como lo han señalado representantes del sector privado, la incertidumbre frena la inversión.
  • Integración productiva de América del Norte: El T-MEC no es solo un acuerdo comercial, es una herramienta de integración profunda. Romperla o debilitarla podría hacer que EE.UU., México y Canadá pierdan terreno frente a competidores como China o la Unión Europea.
  • Política laboral y ambiental: En esta revisión, EE.UU. podría presionar por condiciones laborales más estrictas y cumplimiento ambiental, temas que se han convertido en pilares de su política comercial.
  • Soberanía regulatoria: México debe evitar ceder margen en sectores sensibles (como energía o propiedad intelectual), donde ya ha habido roces en paneles de disputa durante los últimos años.

En este contexto, la revisión del T-MEC será también una prueba de madurez política y técnica para México. Las decisiones que se tomen (o que se eviten) afectarán no solo la relación con nuestros socios, sino también la capacidad del país para competir, innovar y crecer.

El futuro del tratado dependerá en un 90% del trabajo que haga el gobierno de Claudia Sheinbaum. La presión existe, los riesgos son reales, pero también lo son las posibilidades de reforzar la posición de México como un socio estratégico de largo plazo.

¿Una gran carta de México o una promesa frágil?

Desde hace un par de años, el término nearshoring ha pasado de ser un concepto técnico a una de las mayores esperanzas económicas de México. El conflicto comercial entre Estados Unidos y China, sumado a la pandemia de COVID-19, reveló las vulnerabilidades de las cadenas de suministro globales. Las empresas comenzaron a buscar localizaciones más cercanas, confiables y estables para trasladar parte de su producción. México, por su ubicación, acuerdos comerciales y experiencia manufacturera, está perfectamente posicionado.

De hecho, estados como Nuevo León, Querétaro y Guanajuato ya han reportado una creciente llegada de inversión extranjera directa (IED) en sectores como electrónica, automotriz, dispositivos médicos y autopartes. Según datos de la Secretaría de Economía, tan solo en el primer trimestre de 2024, México atrajo más de 20,000 millones de dólares en IED, una parte significativa atribuida al efecto nearshoring.

Sin embargo, la promesa aún no es garantía. Para consolidarse como el nuevo centro productivo de América del Norte, México debe resolver desafíos clave:

Inversión Extranjera Directa
IED
México
Canadá
Foreign Direct Investment
  • Infraestructura logística: Muchos parques industriales están saturados o carecen de servicios básicos como energía y agua.
  • Energía limpia y suficiente: Grandes corporaciones buscan certidumbre en el abastecimiento y acceso a fuentes renovables.
  • Estado de derecho y seguridad: La inseguridad en algunas regiones inhibe la llegada de capital extranjero.
  • Tramitología y permisos: El exceso de burocracia es una barrera silenciosa pero persistente.

El nearshoring es un tren que ya está pasando. Subirse a tiempo o perderlo será decisión y responsabilidad compartida del gobierno y del sector privado.

El papel del sector privado en la revisión del T-MEC

Históricamente, el sector empresarial mexicano ha sido clave en la construcción, defensa y modernización de los tratados comerciales. En esta ocasión, no es la excepción. La Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) y el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) están liderando una estrategia de cabildeo y articulación en torno al proceso de revisión del T-MEC.

Uno de los instrumentos más relevantes es el «Cuarto de Junto», una figura que permite a los representantes empresariales trabajar de manera coordinada con los negociadores oficiales del gobierno. A través de este mecanismo, los sectores productivos expresan sus necesidades, plantean propuestas técnicas y evalúan el impacto de los posibles ajustes al tratado.

En los últimos meses, se han intensificado las visitas a Washington D.C. por parte de líderes empresariales mexicanos. Se han reunido con funcionarios de la Oficina del Representante Comercial de EE.UU. (USTR), senadores, congresistas, centros de pensamiento y organismos multilaterales. El objetivo es claro: posicionar a México como un socio confiable, competitivo y comprometido con el cumplimiento del T-MEC.

Además, el Comité de Nearshoring de Coparmex, junto con figuras como Herminio Blanco y Jaime Zabludovsky, ex-negociadores del TLCAN, están delineando una ruta estratégica para aprovechar las oportunidades sin perder los beneficios existentes.

Este activismo empresarial no es accesorio. En tiempos donde las tensiones geopolíticas y proteccionistas resurgen, la diplomacia económica empresarial es un recurso de primer orden. Su participación no solo suma legitimidad técnica, sino también visión de largo plazo.

Escenarios posibles tras la revisión (2025–2026)

La revisión del T-MEC no tiene un resultado predeterminado. Aunque los tres gobiernos pueden llegar con discursos públicos distintos, lo cierto es que la negociación dependerá de muchos factores: intereses económicos, contexto electoral, presión social y habilidad diplomática. Existen al menos tres escenarios clave que podrían materializarse después del proceso de revisión.

  1. Continuidad con ajustes menores
    El escenario más probable (y deseable) para los mercados. Se mantiene la base actual del T-MEC, con ajustes técnicos en algunos capítulos (como comercio digital, facilitación aduanera o medio ambiente). Los tres países reafirman su compromiso con la integración regional y dan certidumbre a inversionistas.
  2. Renegociación profunda
    Uno o más países, especialmente EE.UU., exigen reformas sustanciales en reglas de origen, condiciones laborales, o mecanismos de solución de controversias. Podría polarizar el proceso y generar tensiones internas.
  3. Ruptura o congelamiento
    Alguno de los 3 presidentes decide que el T-MEC no cumple con sus objetivos y plantea la salida de su respectivo país. El proceso sería largo, pero bastaría con no firmar la extensión en 2026 para que el tratado expire en 2036. generando incertidumbre total desde ahora.
Escenarios posibles para el T-MEC  tras la revisión (2025–2026)

El futuro del T-MEC

Sabemos que esta revisión no es episodio aislado. Es un momento decisivo que puede marcar el rumbo del desarrollo económico de México durante la próxima década. Y aunque aún no hay un documento formal sobre la mesa, el juego ya empezó, los discursos se han pronunciado, las posiciones se están definiendo, y los intereses están en movimiento.

México llega a esta etapa con fortalezas innegables: una ubicación estratégica, experiencia manufacturera, tratados de libre comercio con más de 40 países, y una reputación como socio confiable. Pero también enfrenta debilidades estructurales que podrían minar su posición si no se corrigen a tiempo: inseguridad, baja inversión en infraestructura, rezago energético y vacíos de certidumbre jurídica.

La revisión de 2025 debe verse como una oportunidad, no como una amenaza. Oportunidad para reafirmar nuestro compromiso con la integración regional, para modernizar sectores estratégicos, y para proteger lo que ha costado años construir: acceso preferencial al mercado más grande del mundo.

También es una prueba política y técnica. La capacidad del gobierno de México, del sector privado, de los negociadores técnicos y de la sociedad civil para trabajar con visión, unidad y estrategia marcará la diferencia entre simplemente «sobrevivir» la revisión o salir fortalecidos de ella.

Y aquí no hay margen para la improvisación. Los tratados no se defienden solos, se estudian, se entienden, se negocian… y se defienden con inteligencia, datos, argumentos y alianzas.

Ninguno de lo tres países puede darse el lujo de ir a ciegas. Tampoco pueden esperar a que los demás decidan por él. En los próximos meses, México debe posicionarse como un actor propositivo, firme y preparado, dispuesto a proteger sus intereses sin cerrar las puertas al diálogo y la cooperación regional.

Porque lo que está en juego no solo es un tratado… es el lugar de México en el futuro del comercio global.

Comentarios

2 respuestas a “El futuro del T-MEC se decide en 2025: ¿renegociar o resistir?”

  1. […] La revisión del T-MEC se ha convertido en una herramienta clave para reforzar estas posturas y limitar cualquier estrategia que busque evadir las medidas arancelaria que Estados Unidos impone de forma unilateral. […]

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  2. […] arancelaria contra México. El mandatario ha impuesto, sin previo consenso en el marco del T-MEC, aranceles del 25% —con amenaza de escalar al 30%— a ciertos productos automotrices que no […]

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