Un nuevo capítulo en la guerra comercial
El 9 de abril de 2025, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció un arancel del 125% a todas las importaciones provenientes de China. Esta medida, descrita como una respuesta a la supuesta “falta de respeto” de China hacia los mercados internacionales, marca una nueva fase en la guerra comercial entre las dos principales potencias económicas del mundo.
El anuncio fue acompañado de una tregua parcial para más de 75 países. A estos aliados comerciales se les concedió una pausa de 90 días en la imposición de nuevos aranceles, con un arancel temporalmente reducido del 10%. Según declaraciones de Trump y su equipo económico, esta medida busca distinguir entre países que, a su juicio, han cooperado con Estados Unidos y aquellos que han adoptado una postura hostil o retaliatoria.
Por su parte, China respondió casi de inmediato con aranceles del 84% sobre productos estadounidenses y con nuevas restricciones para empresas norteamericanas que operan en sectores estratégicos, como tecnología, defensa y comunicaciones. Esta respuesta confirma que las tensiones comerciales no solo persisten, sino que podrían escalar aún más en los próximos meses.
La reacción de los mercados
La reacción inicial de los mercados financieros fue de preocupación. La posibilidad de una confrontación comercial prolongada generó fuertes caídas en los principales índices bursátiles en días anteriores.
Sin embargo, tras conocerse que la mayoría de los países quedarían temporalmente exentos de los nuevos aranceles, los mercados se recuperaron rápidamente. El S&P 500 repuntó un 7%, el Nasdaq subió un 9% y empresas como Apple, que habían sido duramente castigadas en jornadas previas, recuperaron terreno con un alza del 12% en su valor.

Este alivio parcial no resuelve el problema de fondo. La incertidumbre persiste en torno a la estabilidad de las relaciones comerciales globales, y los inversionistas siguen atentos a las señales de nuevas represalias, tanto por parte de China como de otros socios económicos afectados por la política arancelaria estadounidense.
La propuesta de la Unión Europea
Frente a la escalada, la Unión Europea optó por una estrategia mixta. Por un lado, ofreció a Estados Unidos un acuerdo de “arancel cero” en bienes industriales, con el objetivo de desactivar las tensiones antes de que impacten gravemente las cadenas de suministro internacionales. Por otro lado, Bruselas autorizó un paquete de contramedidas comerciales contra productos estadounidenses, que podría alcanzar más de 23 mil millones de dólares en valor.
Estas medidas europeas entrarán en vigor de manera escalonada a lo largo de 2025 y afectan sectores que van desde la agricultura hasta los productos tecnológicos. Si bien la UE ha reiterado su preferencia por una solución negociada, también ha dejado claro que no permanecerá pasiva ante políticas comerciales que considera unilaterales y perjudiciales para sus economías.

México entre la oportunidad y la presión
Para México, este nuevo episodio representa tanto una oportunidad como un desafío. Por un lado, la salida de empresas manufactureras de China abre la puerta a un proceso de relocalización industrial (nearshoring), que podría beneficiar a regiones como el norte y el bajío del país. México, por su cercanía geográfica, su mano de obra calificada y la existencia del T-MEC, se posiciona como un destino atractivo para empresas que buscan producir más cerca del mercado estadounidense.
Sin embargo, también existen riesgos importantes. Las disrupciones en las cadenas de suministro globales pueden afectar industrias mexicanas que dependen de insumos, tecnología o maquinaria proveniente de China. Además, la política de “arancel universal” del 10%, aunque temporalmente suspendida, contradice el espíritu del T-MEC y genera incertidumbre jurídica para los exportadores mexicanos.
Otro elemento preocupante es la presión que podría ejercer Estados Unidos para que México se alinee con sus medidas comerciales o incluso adopte restricciones similares frente a China. Esto pondría al gobierno mexicano en una posición diplomáticamente delicada y obligaría a tomar decisiones estratégicas con posibles repercusiones económicas.
Las industrias más vulnerables
La imposición de aranceles tan altos y la respuesta china afectan particularmente a sectores estratégicos. La industria tecnológica, por ejemplo, enfrenta un aumento en los costos de componentes como microchips, baterías y dispositivos electrónicos, muchos de los cuales se fabrican en China. Empresas estadounidenses han comenzado a buscar nuevas ubicaciones para su producción, y México podría capitalizar esta tendencia si logra ofrecer certeza jurídica, infraestructura adecuada y condiciones competitivas.
En el sector agrícola, Estados Unidos pierde a uno de sus principales compradores de productos como la soya, el maíz y la carne. China podría sustituir estas importaciones con proveedores como Brasil o Argentina, lo que podría afectar directamente a los agricultores estadounidenses. Esto podría derivar en un exceso de oferta en el mercado interno, con una consecuente caída de precios que también impacte a México como parte de la cadena agroalimentaria regional.

La industria de la salud también se ve amenazada. Muchos medicamentos genéricos e insumos farmacéuticos provienen de China. Con los nuevos aranceles, se espera un encarecimiento de estos productos, lo cual podría afectar tanto a sistemas de salud públicos como al consumidor final en toda la región.
El sector automotriz enfrenta un panorama mixto. Por un lado, el aumento de los costos de autopartes chinas puede generar dificultades para las plantas ensambladoras de vehículos. Por otro, México podría beneficiarse si logra atraer inversiones para fabricar esos componentes localmente y sustituir parte de la producción que hoy depende de Asia.
¿Qué podemos esperar?

Si la confrontación comercial entre Estados Unidos y China continúa escalando, podríamos ver efectos significativos a nivel global. Un aumento en la inflación, una disrupción profunda de las cadenas de suministro, una caída del comercio internacional y una mayor fragmentación del sistema económico global están entre los posibles escenarios.
Al mismo tiempo, este conflicto podría abrir la puerta a una renegociación más amplia del orden comercial mundial. Las reglas actuales, muchas de ellas diseñadas en un contexto diferente, podrían ser objeto de revisión para adaptarse a las nuevas dinámicas geopolíticas, tecnológicas y productivas. México, como país exportador y parte de tratados multilaterales clave, debe estar preparado para adaptarse a un entorno cada vez más volátil.
Un punto de inflexión en el comercio internacional
La decisión del gobierno estadounidense de aplicar un arancel del 125% a productos chinos marca un punto de inflexión en la política comercial global. Aunque se ha concedido una pausa temporal a la mayoría de sus socios, la señal es clara: Estados Unidos está dispuesto a redefinir el comercio internacional bajo sus propios términos.

México se encuentra en un punto estratégico. Tiene frente a sí la posibilidad de aprovechar el momento para fortalecer su papel como plataforma de exportación e innovación industrial. Pero también deberá actuar con cautela, entendiendo que este entorno exige diplomacia, estrategia comercial y capacidad de adaptación. Solo así podrá sortear los riesgos y capitalizar las oportunidades de esta nueva etapa en el comercio mundial.


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