En los últimos años, el comercio exterior en México ha experimentado un cambio profundo: la autoridad ya no solo revisa qué mercancía entra al país, sino cómo y con qué fundamento se declara su valor. Este cambio responde a una necesidad clara del Estado mexicano: combatir la subvaluación, fortalecer la recaudación y modernizar los mecanismos de control aduanero.
En este contexto surge la Manifestación de Valor Electrónica (MVE), un concepto que para muchos importadores todavía resulta confuso, pero que hoy se ha convertido en una pieza clave del despacho aduanero.
Ya no basta con contar con una factura comercial y declarar un valor en el pedimento; ahora es indispensable explicar, justificar y documentar cómo se construyó ese valor.

Conoce de manera clara, sencilla y completa qué es la Manifestación de Valor Electrónica, cuál es su finalidad, cómo funciona en la práctica, quién está obligado a presentarla y por qué su correcta implementación es fundamental para cualquier empresa que realice importaciones en México.
¿Qué es la Manifestación de Valor Electrónica (MVE)?
La Manifestación de Valor Electrónica (MVE) es una declaración formal mediante la cual el importador manifiesta, bajo protesta de decir verdad, cómo determinó el valor en aduana de las mercancías importadas y con qué documentos respalda dicho valor. En términos simples, es el documento que explica de dónde sale la cifra que se declara como valor en el pedimento.
Tradicionalmente, la manifestación de valor existía como un documento que se elaboraba de forma interna y se conservaba en el expediente del importador. Sin embargo, con la digitalización del comercio exterior, esta obligación evolucionó hacia un esquema electrónico, dando origen al Formato E2 “Manifestación de Valor”, que ahora se transmite a través de la Ventanilla Digital (VUCEM).

Es importante entender que la MVE no sustituye a la factura, ni al pedimento, ni al COVE. Cada uno cumple una función distinta. Mientras la factura refleja la operación comercial, el pedimento declara los datos ante la aduana y el COVE transmite la información de la factura, la Manifestación de Valor integra y explica todos esos elementos desde la óptica de la valoración aduanera.
En otras palabras, la MVE es el puente entre la operación comercial y la obligación fiscal, y se convierte en el soporte principal del valor declarado.
Objetivo principal de la MVE: ¿Qué busca realmente la autoridad?
El objetivo principal de la Manifestación de Valor Electrónica es garantizar la correcta determinación del valor en aduana y permitir a la autoridad verificar que dicho valor es real, comprobable y conforme a la ley. Aunque en el discurso oficial se habla de modernización y digitalización, en la práctica el foco está claramente puesto en el control del valor.
Durante años, uno de los mayores problemas en comercio exterior ha sido la subvaluación: declarar valores inferiores a los reales para pagar menos impuestos. La MVE busca cerrar ese espacio de discrecionalidad obligando al importador a explicar su lógica de valuación y a respaldarla con documentos verificables.
Además, la autoridad ya no analiza las operaciones de forma aislada. Con la información que genera la MVE, el SAT puede construir perfiles de riesgo, identificar patrones por proveedor, país, fracción arancelaria o importador, y seleccionar con mayor precisión a qué empresas revisar.

En el fondo, la MVE también cumple otro objetivo estratégico: trasladar la responsabilidad plenamente al importador. Al estar firmada electrónicamente, bajo protesta de decir verdad, deja claro que el valor no es “lo que dijo el agente” ni “lo que venía en la factura”, sino una declaración consciente del contribuyente.
¿En qué leyes y reglas se apoya?
La Manifestación de Valor Electrónica no surge de manera aislada ni discrecional. Tiene una base legal sólida que se ha ido construyendo a lo largo del tiempo dentro del marco normativo del comercio exterior mexicano.
La Ley Aduanera establece la obligación del importador de declarar correctamente el valor en aduana y de conservar la documentación que lo respalde. Esta obligación se refuerza en el Reglamento de la Ley Aduanera, particularmente en el artículo 81, que detalla los documentos que deben integrar el expediente de la manifestación de valor, como la factura comercial, los comprobantes de pago, los documentos de transporte y cualquier otro elemento necesario para sustentar el valor.
Por su parte, las Reglas Generales de Comercio Exterior (RGCE) desarrollan el aspecto operativo. En ellas se establecen los lineamientos para la transmisión electrónica de la manifestación de valor, el uso del Formato E2, la autorización de terceros para consulta y la forma en que este documento se vincula con el pedimento mediante el e-document.
En conjunto, estas disposiciones forman un sistema coherente que busca asegurar que el valor declarado no sea solo una cifra, sino el resultado de un proceso documentado y verificable.
¿Cuándo entra en vigor y desde cuándo se usa?
Aunque la obligación de contar con una manifestación de valor existe desde hace años, su versión electrónica es relativamente reciente. El cambio comenzó a tomar forma cuando el SAT anunció la incorporación del Formato E2 “Manifestación de Valor” dentro de la VUCEM como parte de su estrategia de digitalización.
A partir del 1 de agosto de 2025, el formato quedó disponible para su uso en la plataforma, permitiendo a los importadores comenzar a familiarizarse con el nuevo esquema. Posteriormente, se estableció una fecha de obligatoriedad inicial para diciembre de 2025; sin embargo, debido a la complejidad operativa y a la necesidad de que las empresas ajustaran sus procesos internos, la autoridad otorgó una prórroga.
Con esta prórroga, se definió un periodo de transición que se extiende hasta el 31 de marzo de 2026, durante el cual conviven el esquema tradicional y el electrónico. A partir del 1 de abril de 2026, la Manifestación de Valor Electrónica pasa a ser el estándar exigible para las operaciones de importación.

Este periodo no debe interpretarse como una invitación a postergar la adaptación, sino como una oportunidad para prepararse y corregir procesos antes de que el esquema sea plenamente obligatorio.
¿Quién está obligado a presentarla y quién la llena?
Uno de los mayores errores alrededor de la Manifestación de Valor Electrónica es pensar que se trata de un trámite “del agente aduanal”. En realidad, la responsabilidad legal recae completamente en el importador, porque es él quien declara el valor en aduana y quien responde ante la autoridad fiscal.
La ley parte de un principio claro: quien introduce la mercancía al país es quien debe explicar cómo determinó su valor. Por eso, aunque el agente aduanal participe en la captura o transmisión de la información, la Manifestación de Valor no es un documento del agente, sino del importador. Está firmada con su e. firma y se presenta bajo protesta de decir verdad.
En la práctica, muchas empresas delegan la operación técnica al agente aduanal o a un tercero especializado.
Esto es válido desde un punto de vista operativo, pero no elimina la obligación de entender y validar la información. Si el valor es incorrecto, incompleto o mal sustentado, la responsabilidad no se transfiere: permanece en el importador.

Por esta razón, la Manifestación de Valor representa un cambio cultural importante. Obliga a las empresas a involucrar áreas como compras, finanzas, logística y comercio exterior, y a coordinarse para que la información comercial, los pagos, los contratos y los gastos estén alineados antes del despacho. Ya no es suficiente “mandar la factura”; ahora es necesario entender la operación completa.
¿Dónde se presenta la Manifestación de Valor Electrónica?
La Manifestación de Valor Electrónica se presenta exclusivamente a través de la Ventanilla Digital Mexicana de Comercio Exterior (VUCEM), que es la plataforma oficial del Gobierno de México para la gestión electrónica de trámites aduaneros y de comercio exterior.
Este punto es clave: ya no se trata de un documento que se guarda únicamente en el archivo interno de la empresa, sino de un registro electrónico que queda disponible para la autoridad. Al transmitirse por VUCEM, la información se integra a los sistemas del SAT y puede ser consultada en tiempo real o en revisiones posteriores.
Dentro de la VUCEM, el importador (o su representante autorizado) accede al módulo correspondiente a la Manifestación de Valor, captura la información requerida, anexa los documentos de soporte y firma electrónicamente la solicitud. Una vez enviada, el sistema genera un acuse de recepción y un folio, que identifican de manera única esa manifestación.

Este folio no es un simple comprobante: es el vínculo que conecta la Manifestación de Valor con el pedimento de importación a través del e-document. De esta forma, la autoridad puede rastrear fácilmente el valor declarado, los documentos que lo sustentan y la operación aduanera específica a la que corresponde.
En términos prácticos, esto consolida el concepto de expediente digital de valor, eliminando la dependencia de archivos físicos y reduciendo el margen de “documentos que no aparecen” cuando existe una revisión.
¿Cómo funciona el proceso completo?
Para entender cómo funciona la Manifestación de Valor Electrónica, es importante verla como parte de un proceso integral, no como un trámite aislado que se hace al final del despacho. En realidad, la MVE obliga a pensar el valor desde el inicio de la operación.
Todo comienza con la relación comercial entre el importador y su proveedor: la negociación del precio, las condiciones de venta, el Incoterm, la forma de pago y los servicios asociados al transporte de la mercancía. Esa información se refleja primero en la factura comercial, que es el punto de partida.
Posteriormente, los datos de la factura se transmiten a través del COVE, lo que permite que la autoridad conozca los elementos básicos de la operación comercial. Sin embargo, el COVE por sí solo no explica cómo ese precio se convierte en valor en aduana; únicamente reproduce la información de la factura.
Aquí es donde entra la Manifestación de Valor Electrónica. En el Formato E2, el importador explica de manera estructurada cómo se determinó el valor en aduana, considerando el precio pagado o por pagar y los ajustes que correspondan según la operación. Además, se anexan los documentos que prueban cada uno de esos elementos.
Una vez capturada y firmada la Manifestación de Valor en VUCEM, el sistema genera un e-document, que se declara en el pedimento de importación. Este paso es fundamental, porque conecta formalmente el valor declarado en el pedimento con el expediente electrónico que lo respalda.

A partir de ese momento, la autoridad ya no ve el valor como un dato aislado, sino como un conjunto de información coherente: factura, COVE, Manifestación de Valor, documentos anexos y pedimento. Todo queda ligado electrónicamente, lo que permite revisiones más rápidas, cruces automáticos y auditorías más eficientes.
Este proceso cambia la lógica tradicional del despacho. En lugar de corregir el valor “si algo sale mal”, la Manifestación de Valor obliga a anticiparse, revisar la operación antes de importar y asegurar que el valor esté correctamente sustentado desde el inicio.
¿Cómo se llena el Formato E2?
Llenar el Formato E2 no debe verse como un ejercicio mecánico de captura de datos, sino como un proceso de análisis del valor de la operación. Cada sección del formato responde a una pregunta clave que la autoridad quiere resolver: quién importa, a quién le compra, en qué condiciones, cuánto paga y cómo ese precio se transforma en valor en aduana.
El proceso inicia con la identificación del importador y de la operación. Aquí se capturan los datos generales que permiten relacionar la manifestación con una importación específica. Aunque esta parte suele parecer sencillo, es fundamental que la información coincida plenamente con lo que se declarará en el pedimento y con los registros fiscales del contribuyente. Inconsistencias en esta etapa generan alertas tempranas.

Posteriormente se incorporan los datos del proveedor extranjero y de la operación comercial. En este punto se reflejan las condiciones reales de la transacción: factura, moneda, Incoterm, país de origen o exportación y forma de pago.
Estos elementos no solo describen la compra, sino que influyen directamente en la determinación del valor en aduana.
Uno de los apartados más relevantes del Formato E2 es la selección del método de valoración. En la mayoría de las operaciones se utiliza el valor de transacción, pero la autoridad espera que el importador tenga claro por qué ese método es aplicable y qué condiciones se cumplen para usarlo. No se trata de “marcar una opción”, sino de confirmar que existe una venta para exportación a México y un precio pagado o por pagar verificable.
Finalmente, el formato obliga a detallar cómo se llega al valor en aduana, partiendo del precio base y considerando los ajustes que correspondan según la operación. Aquí es donde el importador demuestra que entiende su operación y que el valor declarado no es arbitrario, sino el resultado de un análisis sustentado.
Documentos anexos obligatorios: el “expediente del valor”
La Manifestación de Valor Electrónica no existe por sí sola; vive y se sostiene a través de los documentos que la respaldan. Por eso se habla del “expediente del valor”, un conjunto de evidencias que permiten a la autoridad verificar que lo declarado corresponde a la realidad de la operación.
Este expediente incluye, como punto de partida, la factura comercial, pero va mucho más allá. También deben integrarse los documentos de transporte, los comprobantes de pago, los contratos comerciales y cualquier otro elemento que influya en el precio o en los ajustes al valor. La lógica es simple: si un concepto impacta el valor en aduana, debe estar documentado.
Uno de los errores más comunes es pensar que estos documentos solo se necesitan “por si la autoridad los pide”. Con la MVE electrónica, los documentos ya forman parte del sistema desde el inicio, lo que permite a la autoridad analizarlos sin requerimientos previos. Esto convierte al expediente del valor en una herramienta preventiva, no reactiva.
Un expediente bien integrado demuestra orden, control y conocimiento de la operación. Uno incompleto o desorganizado, en cambio, transmite improvisación y aumenta significativamente el riesgo de observaciones.
Impacto e importancia en comercio exterior
La implementación de la Manifestación de Valor Electrónica representa un cambio estructural en la forma de operar el comercio exterior en México. Su impacto no se limita al despacho aduanero; alcanza la gestión interna de las empresas y la manera en que se conciben las importaciones.
Antes, el valor en aduana era visto por muchos importadores como un dato técnico que se resolvía en el despacho. Hoy, con la MVE, el valor se convierte en un proceso transversal, que involucra áreas comerciales, financieras y logísticas. Esto eleva el nivel de profesionalización del sector.
Desde la perspectiva de la autoridad, la MVE permite contar con información homogénea, estructurada y comparable. Esto facilita la fiscalización, reduce la discrecionalidad y fortalece los mecanismos de control. Desde la perspectiva del importador, implica adaptarse a un entorno donde la transparencia y la coherencia documental son indispensables.

En conjunto, la MVE marca un paso hacia un comercio exterior más ordenado, pero también más exigente.
Beneficios de cumplir bien (y costos de cumplir mal)
Cumplir correctamente con la Manifestación de Valor Electrónica genera beneficios claros para las empresas que importan de manera constante. Un expediente de valor sólido reduce fricciones en el despacho, mejora la capacidad de respuesta ante revisiones y da mayor certeza jurídica a las operaciones.
Además, cuando el valor está bien documentado desde el inicio, se minimiza la necesidad de correcciones posteriores, rectificaciones de pedimento o aclaraciones ante la autoridad. Esto se traduce en ahorro de tiempo, reducción de costos indirectos y menor estrés operativo.
En contraste, cumplir de forma deficiente o improvisada tiene costos que no siempre se ven de inmediato. Un valor mal sustentado puede derivar en observaciones, ajustes de valor, retrasos en el despacho o incluso revisiones más profundas. A largo plazo, estos problemas afectan la reputación del importador frente a la autoridad y elevan su perfil de riesgo.
Errores comunes que te ponen en riesgo
En la práctica, la mayoría de los problemas relacionados con la Manifestación de Valor Electrónica no surgen por una intención deliberada de incumplir, sino por errores estructurales en la forma en que las empresas gestionan su información. La MVE no perdona la improvisación, porque obliga a que todo el proceso de valuación quede documentado y sea coherente.
Uno de los errores más frecuentes es tratar la Manifestación de Valor como un trámite aislado del resto de la operación. Cuando la factura, el COVE, la MVE y el pedimento no se construyen bajo una misma lógica, aparecen inconsistencias que para la autoridad son señales claras de riesgo. Un dato distinto en moneda, una condición de venta mal entendida o un ajuste omitido pueden ser suficientes para que el valor declarado sea cuestionado.
Otro error recurrente es no comprender realmente cómo se forma el valor en aduana. Muchas empresas parten del precio de factura sin analizar si existen elementos adicionales que deban considerarse, como servicios relacionados, gastos asumidos por el importador o condiciones pactadas en contratos comerciales. La autoridad no evalúa si el error fue “de buena fe”, sino si el valor está correctamente sustentado conforme a la ley.

También es común subestimar la importancia de los documentos de respaldo. Contar con una factura no es suficiente si no existe evidencia clara del pago, del transporte, del seguro o de los acuerdos comerciales que dieron origen al precio. En el esquema electrónico, la ausencia de un documento no se interpreta como un simple descuido, sino como una debilidad del expediente.
Finalmente, un error cada vez más visible es delegar completamente el tema al agente aduanal sin supervisión interna. Cuando la empresa no valida lo que se transmite en su nombre, pierde control sobre uno de los elementos más sensibles de la importación: el valor. La MVE obliga a cambiar esta lógica y a asumir un rol más activo.
Consecuencias y sanciones: qué puede pasar si no la tienes o está mal integrada
La Manifestación de Valor Electrónica no debe verse solo como una obligación administrativa, sino como un mecanismo de protección. Cuando no existe, está incompleta o presenta inconsistencias, el importador queda expuesto en el punto más delicado del despacho: el valor en aduana.
La primera consecuencia suele ser el cuestionamiento del valor declarado. Ante una revisión, la autoridad puede determinar que el valor no está suficientemente probado y proceder a recalcular. Esto generalmente deriva en diferencias de impuestos, actualización, recargos y multas. En estos escenarios, el problema no es únicamente económico, sino también operativo, ya que la empresa entra en un proceso de aclaraciones y revisiones que consume tiempo y recursos.
En casos más complejos, la falta de sustento puede escalar hacia procedimientos de fiscalización más amplios. Cuando la autoridad detecta patrones de inconsistencia o expedientes débiles de forma recurrente, el importador puede ser clasificado como contribuyente de mayor riesgo, lo que incrementa la probabilidad de revisiones futuras, reconocimientos aduaneros y auditorías posteriores.
Además, la ausencia de una MVE bien integrada limita seriamente la capacidad de defensa del importador. Sin un expediente claro, la empresa queda en una posición reactiva, obligada a reconstruir operaciones pasadas bajo presión, con información incompleta o difícil de rastrear. En cambio, cuando la manifestación existe y está correctamente elaborada, se convierte en la principal herramienta para demostrar que el valor fue determinado conforme a la ley.
En resumen, el mayor riesgo no es la sanción en sí, sino operar sin un respaldo sólido. La Manifestación de Valor Electrónica marca la diferencia entre enfrentar una revisión con argumentos claros o hacerlo desde una posición de debilidad.
Buenas prácticas y checklist interno
La mejor forma de enfrentar la Manifestación de Valor Electrónica es incorporarla como parte de los procesos internos de la empresa, no tratarla como un trámite aislado. Esto implica definir responsables claros, establecer flujos de información y estandarizar la integración del expediente del valor.
Una buena práctica es preparar la Manifestación de Valor antes del despacho, revisando la operación de forma integral. Esto permite detectar inconsistencias a tiempo y corregirlas sin presión. También es recomendable mantener un archivo digital ordenado por operación, con documentos claros, legibles y fácilmente localizables.
Finalmente, realizar revisiones internas periódicas ayuda a identificar áreas de mejora y a mantener la consistencia del valor en aduana a lo largo del tiempo. La MVE no solo cumple una función legal; bien gestionada, se convierte en una herramienta de control y profesionalización del comercio exterior.
La Manifestación de Valor Electrónica como eje de control y defensa del importador
La Manifestación de Valor Electrónica marca un antes y un después en la forma en que las importaciones se gestionan en México. Ya no se trata únicamente de cumplir con un requisito administrativo, sino de asumir un nuevo estándar de responsabilidad, transparencia y control sobre uno de los elementos más sensibles del comercio exterior: el valor en aduana.
Con la implementación del Formato E2 y su transmisión a través de VUCEM, la autoridad ha dejado claro que el valor ya no se evaluará de manera aislada ni reactiva. Hoy, cada operación construye un expediente digital que puede ser analizado, comparado y revisado en cualquier momento. En este contexto, las empresas que continúan operando sin una estrategia clara de valoración asumen riesgos innecesarios.
La Manifestación de Valor Electrónica obliga a los importadores a entender sus operaciones de forma integral: desde la negociación con el proveedor, pasando por las condiciones comerciales y logísticas, hasta la correcta integración documental. Este enfoque no solo fortalece el cumplimiento normativo, sino que profesionaliza la operación y mejora la toma de decisiones internas.

Más que una carga adicional, la MVE debe entenderse como una herramienta de control y defensa. Cuando está bien elaborada, protege al importador frente a revisiones, reduce la incertidumbre y aporta certeza jurídica. Cuando se ignora o se maneja de forma superficial, se convierte en un punto de vulnerabilidad que puede derivar en ajustes, sanciones y procesos de fiscalización complejos.
En un entorno donde la fiscalización es cada vez más digital y preventiva, la pregunta ya no es si la Manifestación de Valor Electrónica es obligatoria, sino si tu empresa está realmente preparada para sostener el valor que declara. Quienes se anticipen, ajusten sus procesos y fortalezcan su expediente de valor estarán mejor posicionados para operar con seguridad y continuidad en el comercio exterior mexicano.


Deja un comentario